EL LIBRO DEL LEVÍTICO

Descripción

Tal vez ningún libro de la Biblia presente al lector ordinario tantas y peculiares dificultades como el libro del Levítico. Incluso aquellos que creen devotamente, como se les enseñó en su infancia, que, al igual que todos los demás libros contenidos en las Sagradas Escrituras, debe ser recibido en su totalidad con una fe incuestionable como la mismísima Palabra de Dios, un gran número admitirá francamente de manera desalentada que esto es para ellos una mera cuestión de creencia, que su experiencia personal en la lectura del libro no ha podido sostener en su mayor parte; y que para ellos ver a través del símbolo y el ritual como para obtener mucho beneficio espiritual de tal lectura ha sido bastante imposible.

Una clase más numerosa, aunque no niega ni duda de la autoridad divina original de este libro, supone, sin embargo, que el elaborado ritual de la ley levítica, con sus múltiples y minuciosas prescripciones sobre asuntos religiosos y seculares, ya que la dispensación mosaica ha desaparecido hace mucho tiempo, no tiene ni puede tener ninguna relación viva con las cuestiones actuales de la creencia y la práctica cristianas; y así, bajo esta impresión, se preocupan muy naturalmente poco por un libro que, si están en lo cierto, sólo puede ser ahora de especial interés para el anticuario religioso.

Otros, aunque comparten este sentimiento, también confiesan la gran dificultad que sienten para creer que muchos de los mandatos de esta ley puedan haber sido realmente dados por inspiración de Dios. La extrema severidad de algunas de las leyes, y lo que les parece ser el carácter arbitrario y hasta pueril de otras prescripciones, les parecen irreconciliables, en un caso, con la misericordia, en el otro, con la dignidad y majestad, del Ser Divino.

En un número menor, pero temible, cada vez mayor, este sentimiento, ya sea de indiferencia o de duda, con respecto al libro del Levítico, se ve reforzado por el conocimiento del hecho de que en nuestros días su origen mosaico y su autoridad inspirada son negados enérgicamente por un gran número de eminentes eruditos, sobre la base de argumentos que pretenden ser estrictamente científicos. Y si tales cristianos no saben lo suficiente como para decidir por sí mismos sobre los méritos de la cuestión así planteada, al menos saben lo suficiente como para tener una duda muy incómoda sobre si un cristiano inteligente tiene ya derecho a considerar el libro como, en cualquier sentido verdadero, la Palabra de Dios; y -lo que es aún más grave- creen que la cuestión es de tal naturaleza que es imposible para cualquiera que no sea un especialista en hebreo y en la crítica superior llegar a una convicción bien fundada y establecida, en un sentido u otro, sobre el tema. Tales personas, por supuesto, tienen poco que hacer con este libro. Si la Palabra de Dios está realmente ahí, no puede llegar a ellos.

Con tales condiciones mentales tan ampliamente prevalecientes, algunas palabras sobre el origen, la autoridad, el propósito y el uso de este libro de Levítico parecen ser un preliminar necesario para su exposición provechosa.

Valoraciones

No hay valoraciones aún.

Sé el primero en valorar “EL LIBRO DEL LEVÍTICO”

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *